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Maridaje y Vintage son 2 palabras que están de moda en la prensa culinaria. Decir "para acompañar con" o "añada" es de cutre ya. El arte gastronómico cuenta hoy con varias revistas de decoración y disección de platos. Personalmente estoy cansada ya de tanta electrificación de la zanahoria y aleta de tiburón sinterizada y marinada en su coulis (con nube de mandioca light). Tanto sobre papel como servido en restaurante. Las porciones son micro y, eso sí, sobre un plato geométrico grande pero no comestible. En esto Francia, Italia y España se han declarado guerra. Y no hablemos de la sal, la pimienta, el aceite y el vinagre en todas sus declinaciones, subderivados, subcolores y aromas. ¿Por quién nos toman?
Yo en cambio hablaré de comida básica, abundante y sabrosa porque el otro día me olvidé citar unos cuantos productos argentinos. La pasta, por ej., la mayoría de veces es "fatta in casa". La carne, es de reputación mundial. La cortan diferente, no sé, salen más trozos. El entrecot vale en supermercado 2 pesos (50 céntimos de euro) y en el restaurante 10 veces más. Y es de vaca-buey sin tratar, que ha correteado por la pampa toda su vida. Los portugueses suelen tener una parrilla en su balcón para asar sardinas, los argentinos tienen barbacoas, de ladrillo, de esas inamovibles, vienen de serie con la terraza. Los postres y tartas son artesanales, como de la yaya (y hay de frambuesaaa). Y aquí quería llegar: el otro día maridé postre y vino!!
Siempre me ha gustado prolongar el vino tinto de la comida hasta después del postre. Pero se tienen que dar unas circunstancias extraordinarias: que cene, que elija vino tinto, que tome un postre (ésta yaa...) y que el vino y el postre sean de alto nivel. Pues el otro día se dio todo esto y además 2 veces seguidas en la misma cena. Era luna llena, creo.
El restaurante, 6 mesas, con caliu y horno antiguo de medialuna. No puedo divulgar el nombre, luego ya se sabe, se pone petado de gente y baja la calidad. Tomé un vino de Patagonia con postre de finas paredes de chocolate (3) y entremedio corte de helado blanco (2) con pizcas crujientes y salsa de frutos rojos.
El Chef al ver que no me había gustado nada (!) me invitó a un maridaje de vino tinto elaborado en su bodega de Mendoza como un Oporto sin llegar a serlo (mmmmmm... fresco y delicioso) acompañado de una cata de chocolates. El mejor, el que contenía pizcas crujientes de caramelo. Alucinante. Me olvidé decir que Argentina también es reputada por sus chocolates (y sus empanadas, y sus helados...).

3 comentarios:
Me estaba acordando de un lugar de esos de "cuyo nombre no quiero acordarme" pero lo recuerdo: Espai Sucre en Barcelona, recomendable a enemigos y a masoquistas a los qyue les guste que los maltraten los camareros.
Gata, me has captado a la primera! A este debate del Espai Sucre quería llegar. ¿Recuerdas los detalles? ¿Lo puedes contar tú?
Si,si, prometo post, de verdad...Indignante aquella noche.
Besos
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